En este mural el obstinado fruto de la tierra se convierte en un grito, en un grito de vida de un niño entre manos y raíces. Este a veces se hace hombre, a veces, casi siempre el hambre y la miseria lo convierten en un habitante de una diminuta tumba blanca. Ojalá que este grito nos evoque el día en que llegamos nosotros con la misma ansiedad de vivir y hagamos algo.

En el ande, el valle y los llanos los niños se hacen hombres casi prematuramente y luchan como grandes y son destruidos por la depredación y el olvido. Es entonces cuando aparecen los “Cristos blancos” de sal en el follaje de una higuera de frutos permanentes, reclamando justicia con una imagen del sol entre sus manos que llora sobre un cementerio infantil de millares de niños que se fueron sin haber visto la luna.

In this mural the obstinate fruit of the earth becomes a cry, a cry of life of a child between hands and roots. This child sometimes becomes a man, sometimes, almost always hunger and misery make him an inhabitant of a tiny white tomb. May this cry evoke us the day we arrive with the same anxiety to live and will lead us to do something.

In the Andes, the valley and the plains, children become men almost prematurely and they fight like grown-ups and are destroyed by predation and oblivion. It is then when the “white Christs” of salt appear in the foliage of a permanent fruit fig tree, demanding justice with an image of the sun in its hands that cries over a children’s cemetery of thousands of children who left without having seen the moon.