Luis Raúl Duran, Presencia, La Paz 27 de noviembre de 1988

Desde 1950, escribo que tengo conocimiento privilegiado de la obra muralística del pintor Walter Solón Romero que hizo estudios académicos en La Paz y vivió mucho tiempo en Sucre hasta parecer un chuquisaqueño más al lado de los hermanos Imaná Garrón (Gil y Jorge) y otros artistas y poetas jóvenes que conformaron el Grupo “Anteo”, sin embargo, de su nacimiento potosino en el Macondo frío de Costa du Rels, Uyuni.

Aquel año de mi movilización censera (del Censo Demográfico de 1950) por toda la república, yo partí de la sede del gobierno en sucesivas misiones no solamente a la capital sino también a Cochabamba, Potosí, Tarija, Yacuiba, Santa Cruz y Trinidad. Esto debe recordar todavía mi compañero en planes y andanzas, el estadígrafo Asthenio Averanga. Y encontrándome en la ciudad del Cerro Rico incursioné a la Academia de Bellas Artes en pos del director mi amigo el pintor y escritor Ricardo Bohorquez, y allí vi en igual trance visitante a Solón Romero que me pareció muy enfermo y que por los catálogos de mi archivo había conocido como expositor primerizo en La Paz, antes de su viaje a Chile, país vecino en el que realizó un feliz aprendizaje del insurgente moralismo pictórico con el maestro Laureano Ladrón de Guevara, asimilando junto a José Ventureli, a la vez, las enseñanzas de otro maestro muralista, el mejicano David Alfaro Siqueiros a la sazón en viaje triunfador por el continente americano. Creo que entonces se lo contrató para que pintara los famosos murales de Chillán.

En honor a la verdad y ya lo he consignado en anteriores crónicas periodísticas la presentación de los primeros murales de Walter Solón Romero en la Universidad Mayor de San Francisco Xavier corresponde al que fuera su rector el avezado intelectual D. Guillermo Francovich que, tras larga ausencia diplomática, retornó temporalmente a su tierra natal (hace tiempo que vive en el Brasil con su familia), y fue -por ejemplo- quien me explicó la motivación de dichas gigantescas pinturas mientras recorríamos la vieja Casa de Estudios de historiada tradición. Posteriormente el pintor me haría llegar las fotografías necesarias para el periodista. Y en siguientes visitas a Sucre el mismo artista me condujo al Colegio “Junín” y a la Escuela Nacional de Maestros, donde siguió pintando sus nuevos murales. Y estuvimos igualmente en la Central de Teléfonos Automáticos que ofreció espacio para que los demás compañeros de “Anteo” ensayaran un mural. Me conté entonces con Gunnar Mendoza y Francisco Ortíz Sanz entre los iniciales comentaristas de estas realizaciones artísticas tituladas “Mensaje de Patria Libre”, “A los maestros del futuro”, etc. Era cierto por otra parte que los murales de Chuquisaca empezaron a trascender el ámbito local y los grandes retratos históricos -el pintor también es historiador- de “Jaime Zudañez y la Revolución de Mayo”, “Mariano Moreno y los Doctores de Charcas” y “Manuel Rodríguez de Quiroga y su Lucha por la Independencia” ganaron las páginas de periódicos y revistas de Bolivia.

Luego de tener éxito en los murales al fresco Solón Romero experimentó la aplicación de cerámica y los murales a la piroxilina. Entre 1954 y 1957 pinta varios murales costumbristas (“Carnaval indio”, “Músicos del Altiplano”, “Figuras del Valle”, etc.) en residencias particulares sucrenses y en 1958 culmina una labor ignorada con la publicación del álbum “Pueblo al viento”, una colección de grabados sobre cemento. Aparecen sus vigorosos y originales dibujos ilustrando libros revolucionarios, así los del poeta Juan José Wayar.

Viéndolo nuevamente en La Paz, francamente alborozado creí propia de mi condición de promotor de la propaganda de la empresa petrolera del Estado la sugerencia de un mural de Solón Romero en el edificio de once pisos que Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos acababa de levantar en la calle “Bueno” (1959), que por decisión de los altos ejecutivos D. José Paz Estenssoro y el ingeniero Eduardo Hinojosa Achá tuvo sorpresiva ejecución en la planta baja. “Historia del Petróleo Boliviano” tiene catorce metros de extensión. A pesar de su enorme importancia artística, se olvida su valor educativo y se lo oculta a la vista de todos por una burocracia administrativa tonta que con otros enemigos internos de la autarquía petrolera es la que mata “la gallina de los huevos de oro”.

El dibujante, pintor y grabador infatigable como ningún otro artista boliviano es insertado a los proyectos de estudios (Oriente – Occidente) que auspician o patrocinan la UNESCO y la OEA, y de este modo viaja a ampliar conocimientos y alternar experiencias al Japón, la India, Egipto, Grecia, Italia y Francia, y aprende técnicas de restauración, tapicería, etc. en Méjico y los Estados Unidos. Por gracia de la amistad y la coincidencia de inquietudes, soy un afortunado corresponsal de Solón Romero y me toca revelar en las páginas del suplemento dominical de arte y letras del diario “La Nación” a mi cargo sus impresiones gráficas (dibujos) de los distintos países visitados por él.

Entre 1960 y 1964 el artista tiene tiempo para pintar un mural en la residencia particular del médico Guillermo Jauregui Guachalla en Miraflores sobre un tema de El Quijote “Historia de la Aviación Boliviana” en el Aeropuerto Militar de El Alto por encargo de las Fuerzas Aéreas y dos murales en el Monumento a la Revolución Nacional y por estas obras resulta, sin pensarlo, en cierta competencia con el pintor Miguel Alandia Pantoja, contrastando sus creaciones de enérgicos trazos y colorido sobrio con las elocubraciones fantasmales, trágicas o grotescas de este competidor.

A partir de 1970 experimenta los tapices a mano con técnica y materiales nativos y presenta la serie “En pos de la Urdiembre Perdida” y se dedica a la preparación de sus álbumes de dibujos y grabados “El Quijote y los perros”, “Niños”, “Variaciones sobre un tema de Sangre”, y “El Quijote en el exilio”.

En 1983 hace una demostración de pintura de caballete titulada “Retablos” con uso de diversos materiales. Dos años más tarde UNICEF y OMS-OPS le encargan el mural a la piroxilina “Salud para el pueblo” en el edificio de “Recursos Humanos”.

El mural último

Calificado como el único historiador universitario en la pintura boliviana con obra monumental, Walter Solón Romero no queda en la historia de la Universidad Chuquisaqueña y treinta y cinco años pasados de trabajo y lucha, de sueños espera, de viajes de estudio y exilios, ahora en La Paz, y al cabo de tres (años), silenciosamente, ha dado término a los que son sus murales últimos o un sólo mural en la Universidad Mayor de San Andrés y ocupa las paredes del salón de sesiones de su Consejo Superior en el bloque central de la avenida “Villazón” y cuyas características por último resumimos aquí. 

Con el título RETRATO DE UN PUEBLO en una extensión de 208 metros cuadrados se desarrollan estos contenidos temáticos: 

Epoca prehispana.- El mito: el lago Titicaca como resto de un mar andino, Tunupa y los dioses tutelares de la montaña, los callawayas, el arte de la piedra y la cerámica, los alimentos nativos: papa, maíz, quinua, coca, etc. 

La Conquista española.- El caballo como elemento simbólico del arribo de los conquistadores. Codicia del oro, esclavitud del blanco y nativo, la imposición religiosa. 

Las rebeliones indias y las guerrillas independentistas.- Tupaj Katari o el espíritu indio redivivo, los Lanza, los illa, etc. Junta Tuitiva de La Paz y Murillo, el ajusticiamiento de los protomártires, la participación americana, los ejércitos argentinos, los libertadores venezolanos Bolívar y Sucre y el educador Simón Rodríguez. 

La Universidad frente a la realidad.- Fundación de la universidad paceña por el Mariscal Andrés Santa Cruz. El primer Vicecancelario Monseñor lndaburo. La opresión económica y los mitayos en la explotación de los metales, la madera y la coca. 

Guerras y revoluciones en la República- El Pacífico, el Acre y el Chaco. Primeras luchas autonomistas universitarias, masacres mineras. María Barzola en Catavi. 

La revolución de 1952.- Los protagonistas. Nacionalización de minas, Reforma Agraria, Reforma educacional. 

Totalitarismos anti-universitarias.- Intervención del Estado. Persecuciones e intervenciones despóticas. Masacres en las ciudades, las minas y los campos. Los generales de papel. 

El pueblo invencible.- Es la lucha del cóndor de los Andes con el águila imperial. Los ideales populares de paz y trabajo. Presente el espíritu unitario en las figuras de Katari y Tunupa redivivos. La marcha permanente por la vida. “La libertad no mira al viento”, una realidad ignorada. 

Muro central.- Diseño de los rectores más destacados de la Universidad paceña. Es, realmente impresionante, el mural o los murales históricos que rodean el salón universitario principal situado en el primer piso del monoblock construido por el arquitecto Emilio Villanueva  durante la gestión del rector Hector Ormachea Zalles. Y su ejecución ha sido posible por el entusiasmo puesto en la materialización de la obra artística por el inquieto joven rector Pablo Ramos Sánchez y la participación de sus demás colaboradores, profesionales representativos en distintas especialidades. 

Conocidas son las vicisitudes del muralismo boliviano comprometido con el pueblo, como dolorosa la destrucción por considerarlo subversivo -confiesa el notable autor- lo que nos ha obligado a realizarlo sobre paneles portables que han sido empotrados en los muros del gran salón del consejo de la UMSA. (Evidentemente este trabajo de los paneles se efectuó en otro lugar universitario, el ex-Asilo de San Ramón donde “242 figuras distribuidas en 148 metros cuadrados” ya deslumbraron en 1985 al crítico de arte Alfonso Gumucio Dagron). 

La técnica pictórica -sigue el artista en su información- a diferencia de los frescos de la Universidad de San Francisco Xavier de Sucre, es la piroxilina aglutinante severamente probada por los muralistas latinoamericanos. 

Desafortunadamente -reflexiona Solón Romero- , el muralismo al no encontrar puntos de coincidencia con nuestra arquitectura, salvo en escasas excepciones, se ha desarrollado en forma individual casi siempre en el interior de una arquitectura ya hecha. De ahí que no haya adoptado una composición poliangular en función del espectador en constante movimiento y no sólo en la proyección de las superficies del espacio elegido. Pretendo, por otra parte, que esta especie de taller abierto permita a los espectadores y a los alumnos de la Universidad conocer los diferentes pasos que se siguen para plasmar un mensaje sobre un muro que cobra vida a medida que se entrega un poco de la nuestra en cada línea. 

En tanto nos interiorizamos del mural o murales que componen EL RETRATO DE UN PUEBLO, aproximándonos a la fecha de su descubrimiento público, seguramente el día 30, el consagrado pintor amigo todavía alcanza a decirnos: 

La pintura en general es a mi juicio un medio de comunicación social que cada día tiene menos posibilidades de decir algo. La de caballete con rarísimas excepciones es de consumo, se diluye en expresiones anodinas que no dicen nada. En cuanto a la pintura mural se corre el mismo peligro, puede convertirse en costumbrista, descriptiva o decorativa. Y no dirá nada si el pintor no se plantea una posición y adopta un compromiso con la realidad que vive. La tarea de los pintores muralistas por tanto es la de resistencia ante manipuleos foráneos y por el contrario de contribución al cambio. no sólo del país sino de Latinoamérica.