Walter Solón Romero, El Diario, La Paz, Domingo 3 de agosto de 1952

El  complejo y basto problema de nuestra enseñanza artística requiere, por su complicado mecanismo, una orientación correcta basada en principios útiles de la escuela Primaria y más aún en los demás ciclos de enseñanza e institutos profesionales.  Favorecer a una integración cultural artística del alumno es tarea fundamental dentro de los establecimientos educacionales.

Hay por lo menos dos razones por las que su importancia se hace indiscutible: Por una parte la elaboración de un sentido de apreciación cultural  a los valores artísticos formando un público capaz de estimular y comprender a los creadores de arte logrando una nueva conciencia profesional en beneficio de la cultura del país y por otra, descubrir potencialidades, capacitar y estimular la creación;  estos y otros más son los fundamentos capitales de la enseñanza de las Artes plásticas en la Educación.

En cierto modo educar es crear y en esta ennoblecedora tarea está el resguardo y evaluación de los grandes valores del espíritu.  Hasta ahora hemos aceptado considerarnos un pueblo poco preparado para la apreciación artística, pero nada que se pueda decir efectivo se ha realizado en pro del mejoramiento del medio ambiente.  Una labor restringida, aislada y precaria, carente de una amplia orientación es el ramo técnico denominado dibujo en los diferentes, demostrándonos de esta manera lo inoficioso e inútil de este ramo técnico tal como se lo está practicando en nuestra enseñanza.  Desde luego este resultado es atribuible a diversos factores.  Con buen criterio por ejemplo, se ha observado la importancia de la Educación física en la escuela y se ha creado un instituto a formar maestros especializados. Se sabe la importancia de la Educación artística, porque no solo somos cuerpo y sin embargo no se ha hecho sino improvisar profesores de dibujo, por otra parte el aislamiento o la dificultosa correlación de este ramo técnico con las demás materias y la escasa orientación que se ha impreso a los programas, la relegan a un plano secundario,

En un instituto profesional como la Escuela Nacional de Maestros, el Arte tiene un intenso valor formativo de la personalidad del alumno. 

Como producto humano exterioriza casi siempre una idea no aislada de las demás actividades, por tanto el Arte debe plantearse como un hecho social acondicionado a las necesidades individuales o colectivas.  La creación artística, en este caso, se traduce en mecanismos humanos que permiten al hombre pensar, elaborar y exteriorizar una latente idea que se desarrolla en un interior.  Con este criterio el maestro podrá crear un ambiente rico en estímulos y aplicar un método activo y de creación.

El Arte en la educación en  ningún caso, como hasta ahora, debe permanecer con sus aspectos puramente técnicos ya que el proceso del aprendizaje es distinto al ya tradicional método de copia, del natural etc.   Aunque es indudable que la dificultad que se experimenta en la expresión plástica valora y favorece la apreciación de una obra de arte, no por ello se la debe juzgar como bruto de una simple artesanía, en este error precisamente se ha incurrido al tomar el dibujo como un hacer manual, como una práctica destinada solamente a creer hábitos destrezas, olvidando que es acción y sentimiento favoreciendo a cierta pereza mental que inhibe la libre creación  del educando.  De ahí que además de los aspectos puramente técnicos se debe proporcionar al alumno los elementos de juicio necesarios para que comprenda los conceptos básicos de apreciación que le permitan conocer los grandes ciclos evolutivos del Arte.   Formando un público exento de prejuicios, una mentalidad nueva que favorezca el mejoramiento del medio social.

Convendría cambiar la sistemática clase de dibujo en una sala moderna de Artes plásticas con material adecuado que permita al profesor crear un ambiente de verdadera sensibilidad, con este no se pretendería formar artistas ni obras de Arte dentro de las estrechas posibilidades que  brinda la Escuela, sino capacitar al futuro profesional para la comprensión de su medio y la cultura y aún más para que este cumpla con su verdadera misión de educador provisto de una exquisita sensibilidad y de conocimientos técnicos y teóricos de la materia.

Por ahora sin entrar en detalles con un modesto ensayo experimental realizado en la Escuela Normal de Maestros podemos augurar una reforma, sino efectiva por lo menos a tono con los programas y las nuevas exigencias de la vida actual. Se trata de ofrecer al alumno una asignatura no solo a base de puros conocimientos y actividades técnicas, sino también a base de los elementos necesarios para que ingrese a la sociedad provisto de sensibilidad creativa y de apreciación.

La personalidad del alumno, de acuerdo a su expresión plástica, puede ubicarse libremente en lo objetivo o lo abstracto.   Su deseo de expresar algo en un ambiente rico en estímulos le obliga a pensar a exteriorizar una idea o resolver plásticamente una forma.   Los resultados de esta actividad creativa son en unos casos: esencialmente imaginativos e intelectuales y en otros objetivos y reales…  De esta manera uno de los fines específicos de la  Escuela: educar para la belleza se está poniendo en práctica y cuya significación de felicidad social trasuntara más allá del frío profesionalismo.  Alentando constantemente en el alumno su inquietud cultural y afán de perfeccionamiento es como se ha de lograr una contribución positiva en la educación del país.